El pescador y su esposa
Un pescador pobre vivía con su esposa en una choza junto al mar. Cada mañana salía con su caña, aunque muchas veces volvía con las manos vacías.
Un día pescó un pez grande y brillante. Cuando intentó sacarlo del anzuelo, el pez habló.
—No soy un pez común. Soy un príncipe encantado. Si me dejas libre, puedo darte lo que quieras.
El pescador sintió pena por él.
—No quiero nada —respondió—. Puedes volver al mar.
Al regresar, contó la historia a su esposa. Ella se enfadó porque no había pedido nada.
—Vuelve y pide una casa cómoda. Esta choza es pequeña y está rota.
El pescador no quería molestar al pez, pero obedeció. El mar estaba tranquilo. Llamó al pez y pidió una casa. Cuando regresó, encontró a su esposa delante de una bonita casa con jardín.
Durante unos días, ella estuvo contenta. Después quiso un castillo de piedra. El pescador volvió al mar. El agua estaba gris, pero el pez concedió el deseo.
La esposa tampoco estuvo satisfecha mucho tiempo. Primero quiso ser reina; después, emperatriz. Cada vez, el pescador caminaba hasta la costa con más miedo. El cielo se oscurecía y las olas golpeaban las rocas. Sin embargo, el pez siempre decía:
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—Regresa a casa. Tu esposa ya tiene lo que pide.
Cuando se convirtió en emperatriz, vivió rodeada de soldados y sirvientes. Una mañana vio a muchas personas obedecer al papa y decidió que ese cargo era todavía mayor. Mandó al pescador de vuelta. El mar estaba casi negro y el viento doblaba los árboles, pero el pez también concedió ese deseo.
La esposa se sentó entonces en un gran salón, con líderes de la Iglesia a su alrededor. Durante una noche estuvo satisfecha. Al amanecer, vio que el sol salía sin pedirle permiso. Comprendió que ni siquiera como papa podía controlar el día y la noche.
—Quiero mandar sobre el sol y la luna —dijo al pescador—. Quiero gobernar todo el cielo.
El pescador le pidió que conservara todo lo que ya tenía. Le recordó la casa, el castillo y los cargos que el pez le había dado. Ella no quiso escuchar y ordenó que saliera inmediatamente.
El pescador llegó al mar durante una tormenta terrible. Apenas podía mantenerse de pie. Explicó el último deseo.
—Regresa a casa —respondió el pez—. Tu esposa está otra vez en la vieja choza.
El pescador volvió y encontró allí a su esposa. El castillo, las coronas y los sirvientes habían desaparecido. La tormenta terminó poco a poco. Los dos siguieron viviendo en la choza, y el pez encantado nunca volvió a aparecer.
Comprehension Quiz
¿Qué pide primero la esposa?
¿Cómo cambia el mar con cada deseo?
¿Dónde termina la esposa?
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