Atlas Runa
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Beginner Spanish Stories

Caperucita Roja

En un pueblo pequeño al borde del bosque vive una niña. Lleva siempre una capa roja con capucha. Por eso todos la llaman Caperucita Roja. Vive con su madre en una casa de madera. Cerca, más adentro del bosque, vive su abuela.
Una mañana, la madre prepara una cesta. Dentro pone pan fresco, fruta y un poco de queso. —Caperucita —dice la madre—, hoy llevas esta comida a la casa de tu abuela. Ella no se encuentra muy bien. Ve por el camino del bosque. No salgas del camino. No hables con extraños. ¿Entiendes?
—Sí, madre —responde Caperucita Roja.
Se pone la capa roja, toma la cesta y sale. El sol brilla. Los pájaros cantan. El camino del bosque es estrecho y tiene piedras pequeñas. A los lados hay árboles altos y flores silvestres.
Caperucita camina y canta un poco. De pronto, entre los árboles, aparece un lobo grande. El lobo sonríe con dientes largos. —Buenos días, niña —dice el lobo con voz suave—. ¿Cómo te llamas? ¿Adónde vas con esa cesta?
Caperucita se detiene. Recuerda las palabras de su madre, pero el lobo habla con amabilidad. —Me llamo Caperucita Roja. Voy a la casa de mi abuela. Llevo comida. Ella vive al final de este camino, cerca del roble grande.
—Ah, qué buena nieta —dice el lobo—. Yo también conozco ese camino. ¿Quieres flores para tu abuela? Hay flores bonitas fuera del camino, a la izquierda.
—Mi madre dice que no salgo del camino —responde Caperucita. —Solo un momento —insiste el lobo—. Las flores rojas son perfectas.
Caperucita mira las flores. Son bonitas, es verdad. Da tres pasos fuera del camino para tomar unas pocas. En ese momento, el lobo no espera. Corre por otro camino, más corto y oscuro, hacia la casa de la abuela.
El lobo llega primero. Llama a la puerta. —¿Quién es? —pregunta la abuela desde la cama. —Soy Caperucita Roja —miente el lobo—. Traigo comida.
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La abuela abre la puerta. Cuando ve al lobo, se esconde rápido en el armario. El lobo se pone la gorra de la abuela, se mete en la cama y cierra un poco las cortinas. La casa queda en penumbra.
Mientras tanto, Caperucita vuelve al camino con las flores. Camina más rápido ahora. Quiere llegar pronto. Cuando llega a la casa, la puerta está un poco abierta. —¿Abuela? —llama—. Soy yo. Traigo pan, fruta y flores.
—Pasa, mi niña —dice una voz desde la cama. La voz suena un poco rara.
Caperucita entra. Deja la cesta en la mesa. Se acerca a la cama y mira. —Abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes! —Son para verte mejor —responde la voz. —Abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes! —Son para oírte mejor. —Abuela, ¡qué dientes tan grandes tienes! —Son para… —el lobo salta de la cama.
Caperucita grita. Tiene mucho miedo. Corre hacia la puerta. El lobo tropieza con la cesta y cae un segundo. En el bosque, un cazador oye el grito. Corre hacia la casa con su bastón.
El cazador entra. Ve al lobo y a la niña. Grita fuerte y alza el bastón. El lobo, asustado, salta por la ventana y huye entre los árboles. No vuelve.
La abuela sale del armario. Caperucita corre a abrazarla. —¡Abuela! ¿Estás bien? —Sí, mi niña. Gracias al cazador. Y gracias a que gritas alto.
El cazador sonríe y se sienta un momento cerca de la puerta. Caperucita saca el pan y la fruta de la cesta. Las flores están un poco aplastadas, pero aún huelen bien. Los tres comen juntos en la mesa pequeña.
Fuera, el bosque vuelve a estar quieto. El camino es el mismo camino de siempre. Caperucita mira su capa roja, mira a su abuela y decide que, el próximo día, no sale del camino ni un solo paso. La casa de la abuela queda otra vez en paz, con el olor del pan fresco en el aire.

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